Exposición Central

Museo del Palacio de Bellas Artes
Avenida Juárez S/N, Centro Histórico
Martes a domingo
10 – 18 H
Exposición abierta hasta el 27 de octubre 2019

Pop, Populista, Popular. El diseño del pueblo.
Tras la Revolución, el arte popular ocupó un lugar privilegiado en la cultura en México. Si el poder respondía al pueblo, la cultura debía hacer lo mismo. Lo popular se convirtió en asunto rector del discurso político y el imaginario del país, además de sus despliegues exhibicionistas hacia el exterior. Así fue desde que Manuel Gamio y el Dr. Atl organizaron la primera Exposición de artes populares mexicanas en 1921 y por lo menos hasta que, en 1952, Clara Porset puso sobre los pedestales del Palacio de Bellas Artes objetos humildes elaborados a mano por artesanos o producidos en serie por la todavía incipiente industria nacional, en El arte en la vida diaria, la primera exposición de diseño en México. 

 A medio camino entre lo vernáculo y lo proletario, lo ‘popular’ fue el término consentido con el que el oficialismo posrevolucionario categorizó todo un universo de producción cultural y material nacional. El Estado siempre quiso usar lo popular como ungüento mágico –igual que el mito del mestizaje– para cancelar el conflicto entre lo originario (o lo indígena), lo extranjero (o lo colonial) y lo universal (o lo moderno). Sin embargo, lo popular nunca pudo sacudirse de sus espesuras exotistas, clasistas, racistas; nunca llegó a acomodarse tan plácidamente en la triada progresiva que ansiaban nuestros próceres.

 En la segunda mitad del siglo XX, lo popular se diluyó entre lo pop y lo populista. Lo pop –de las radionovelas y Siempre en Domingo y el dominio del rating a la era de los likes, influencers y youtubers– neutralizó la fuerza política de lo popular, distorsionándolo como asunto de popularidad. Lo populista –cuando las promesas de la industria nacional y la bonanza material para todos se esfumaron, y el gobierno del pueblo se reveló como el gobierno de siempre– vació el discurso de lo popular de sentido y vigencia. El Estado resquebrajado dejó de ser el gran productor de cultura material y el vehículo exclusivo de las demandas populares, que por supuesto persistieron y evolucionaron.

 La exposición Pop, popular, populista. El diseño del pueblo explora esta persistencia disidente de lo popular desde la óptica del diseño. Nuestra búsqueda parte de una pequeña muestra de piezas del Acervo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas –una colección invaluable de alrededor de 24,000 objetos de arte ritual y utilitario– para escudriñar las raíces de lo popular en nuestra cultura material autóctona. A partir de ahí proponemos un brinco cuántico para amplificar la idea tradicional del arte popular y pensar en el diseño popular, el diseño del pueblo, como ámbito que abarca la producción utilitaria y la inventiva informal (o lo que “El pueblo diseña”) junto con aquellos objetos que se aferran a la máxima del buen diseño para todos (o el “Diseño para el pueblo”). Pero también proponemos que la noción misma de lo popular, o del pueblo, es una construcción en la que el diseño ha sido partícipe (de ahí la noción de “El diseño del pueblo”).

 ¿Qué distingue entonces al diseño popular? En realidad el diseño popular tiene poco que ver con la delicadeza o la profundidad cultural de la artesanía tradicional. Produce objetos más bien sucios, precarios, tentativos. Algunos dirían que es un diseño feo. (Puede ser, sobre todo si tomamos en cuenta lo que dice Mark Cousins sobre la fealdad, que es lo que se resiste a la uniformidad a través de la individualidad exacerbada, lo que repela a cualquier ideal de armonía absoluta.) Pero sobre todo, el diseño popular abandona la pretensión de la pureza cultural o de una tradición aislada, para asumirse inmersa en la tensa complejidad de la interconexión contemporánea, como producto del aterrizaje forzoso de la modernidad en un entorno que se resiste a ser moderno. Una modernidad fuera de lugar; fallida, pues.

 Frente a otro momento de inflexión histórica, pensamos que es hora de reinsertar lo popular como eje central de la reflexión sobre el diseño y su papel en México hoy. De empujar al diseño de su cómodo y afelpado asiento para atender este vuelco de apertura cultural, de diversidad de prácticas, de empoderamiento de los no-expertos y de inclusión de sectores típicamente marginados por la disciplina y la profesión. Girar hacia las fuerzas esenciales detrás del profundo cambio social, político, económico, ambiental y cultural –eminentemente popular– que se está gestando en México y en el mundo

Mario Ballesteros + Tony Macarena